Una fotografía de un niño que se convertiría en uno de los hombres más reconocidos de nuestra época reposaba silenciosamente en un álbum polvoriento sobre una repisa de madera. La imagen era antigua y ligeramente descolorida. En ella, el niño aparecía descalzo en un estrecho camino de tierra frente a una pequeña casa con paredes agrietadas y techo de hojalata. Su cabello estaba revuelto, su ropa era sencilla y su sonrisa, tímida pero llena de vida.
En el momento en que se tomó la fotografía, nadie la consideró especial. Era simplemente un instante capturado por su padre en una cálida tarde. El niño acababa de ayudar a su madre a sacar agua del pozo. El sol estaba bajo en el horizonte y el aire olía a polvo y a pan recién horneado. La vida en ese pequeño barrio transcurría lentamente, y los sueños a menudo parecían insignificantes comparados con el mundo exterior.