Mi madre odiaba el silencio. Siempre tenía encendido algún programa de cocina, una película antigua o el canal del clima.
Una casa silenciosa no se parecía a ella.
Avancé hacia la sala.
Y entonces los vi.
Mi madre estaba tendida junto a la mesa de centro.
Mi padre yacía cerca del sofá.
Durante unos segundos mi mente se negó a comprender lo que mis ojos estaban viendo.
La bolsa del supermercado cayó de mis manos.
Las uvas rodaron por toda la alfombra.
Corrí hacia mi madre.
Su piel estaba fría.
Luego me lancé hacia mi padre buscando desesperadamente un pulso.
Al principio no encontré nada.
Después sentí una leve pulsación.
Muy débil.
Pero estaba allí.
Con las manos temblando marqué emergencias.
Una noticia aterradora
Los paramédicos llegaron rápidamente.
Pocos minutos después mis padres iban camino al hospital en ambulancias separadas.
Las horas siguientes fueron una pesadilla.
Finalmente, un médico salió para hablar conmigo.
—Ambos están vivos.
Sentí que las piernas me fallaban del alivio.
Pero enseguida continuó:
—Creemos que consumieron una cantidad peligrosa de somníferos.
Mi alivio desapareció de golpe.
Alguien les había administrado esas pastillas.
Y en una cantidad suficiente para matarlos.
Las sospechas
La policía comenzó a hacer preguntas.
¿Quién tenía acceso a la casa?
¿Quién poseía una llave?
¿Quién los había visitado recientemente?
Nada tenía sentido.