Se casó con un millonario árabe… y al día siguiente él murió: una historia de amor, pérdida e imprevisibilidad de la vida.

Sarah creció en Londres, hija de una maestra y una enfermera. Se costeó sus estudios universitarios trabajando, se graduó con honores y desarrolló una exitosa carrera en la arquitectura.

Ya había estado comprometida una vez, pero la relación terminó cuando su prometido admitió que no estaba preparado para el matrimonio.

Había renunciado a tener citas, se había volcado en su trabajo y les había dicho a sus amigos que estaba contenta estando soltera.

Luego conoció a Rashid.

Él era diferente. Tenía confianza en sí mismo sin ser arrogante. Era ambicioso sin ser despiadado. La escuchaba cuando hablaba. Recordaba los pequeños detalles. La hacía sentir comprendida.

Cuando él le propuso matrimonio, ella no dudó.

La boda (Lo que todos vieron)
La ceremonia tuvo lugar en un hotel histórico de Dubái. El salón de baile se transformó en un jardín de rosas blancas y orquídeas. La novia lució un vestido de seda color marfil. El novio vistió una kandura blanca tradicional.

Intercambiaron votos bajo un dosel de flores, con la luz dorada del sol poniente entrando por las ventanas.

 

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