Ducharse es una actividad cotidiana que consideramos inofensiva. Sin embargo, para los adultos mayores puede convertirse en un momento de riesgo cardiovascular si se realizan ciertas prácticas que alteran bruscamente la presión arterial, la circulación o la temperatura corporal. Con el envejecimiento, el sistema cardiovascular pierde parte de su capacidad de adaptación, lo que provoca cambios que en la juventud pasaban desapercibidos y que ahora pueden desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).
A continuación se describen los hábitos de ducha más comunes que pueden suponer un peligro para las personas mayores, junto con recomendaciones prácticas para reducir estos riesgos.
Porque la ducha puede ser un momento crítico.
Durante el baño, el cuerpo experimenta cambios rápidos: variaciones de temperatura, redistribución de la sangre, esfuerzo físico al ponerse en cuclillas o levantar los brazos y, en algunos casos, deshidratación. En un organismo joven, estos ajustes se compensan fácilmente, pero en un adulto mayor con hipertensión, diabetes, colesterol alto o antecedentes de cardiopatía, pueden precipitar episodios graves.
Los expertos afirman que un porcentaje importante de los infartos y de la valvulopatía cardíaca en personas mayores se produce en el hogar, y el baño se encuentra entre los lugares con mayor incidencia debido a la combinación de calor, humedad, esfuerzo físico y riesgo de caídas.
Hábitos en la ducha que aumentan el riesgo cardiovascular
1. Usar agua demasiado caliente
El agua demasiado caliente provoca una dilatación repentina de los vasos sanguíneos, lo que puede generar una caída repentina de la presión arterial. En un adulto mayor, esto se traduce en mareos, desmayos y, en casos graves, una reducción del flujo sanguíneo al cerebro y al corazón. Se recomienda mantener el agua tibia, entre aproximadamente 35 y 38 grados Celsius.
2. Cambiar bruscamente de agua fría a caliente:
Los contrastes térmicos extremos obligan al corazón a trabajar más rápido para regular la temperatura corporal. Esto eleva la presión arterial repentinamente y puede favorecer la ruptura de una placa de ateroma o la formación de un coágulo, una causa común de infarto y accidente cerebrovascular.
3. Dúchate inmediatamente después de comer.
Tras comer, gran parte del flujo sanguíneo se dirige al sistema digestivo. Si en ese momento la persona se ducha, sobre todo con agua caliente, el corazón debe redistribuir la sangre entre el sistema digestivo y la piel, lo que genera una sobrecarga. Lo ideal es esperar al menos entre 60 y 90 minutos después de comer.