El testimonio silenciado de una mujer francesa: maternidad forzada en un campo nazi y la búsqueda de su hijo

Durante casi siete décadas, una mujer francesa guardó en silencio uno de los capítulos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial: el de las prisioneras obligadas a concebir hijos dentro de un campo administrado por oficiales alemanes. Su testimonio, ofrecido por primera y única vez en 2010, cuando tenía 86 años, expone una realidad muchas veces olvidada por la historia oficial y por una sociedad que, tras 1945, prefirió mirar hacia adelante.

Tres madres, tres tragedias dentro del mismo campo

La narradora recuerda a sus compañeras de cautiverio como si fueran sus hermanas. Séverine fue la primera en dar a luz. A su pequeña se la arrancaron de los brazos incluso antes de que el cordón umbilical fuera cortado. La joven madre gritó durante tres días seguidos. Luego, un silencio absoluto: dejó de hablar, de comer, de reaccionar. Seis semanas después falleció. En los registros oficiales figura el tifus como causa de muerte, aunque quienes estuvieron con ella saben que murió, sencillamente, de dolor.

Aurore fue la segunda. Dio a luz a un varón en mayo y pudo sostenerlo apenas unas horas antes de que se lo llevaran. Su rostro, según cuenta la testigo, se desfiguró para siempre en ese instante.

La propia narradora dio a luz en junio a un niño de cabello oscuro que se aferró a sus dedos con una fuerza inexplicable. En ese momento, describe, sintió amor y odio al mismo tiempo: amor porque era su hijo, odio porque también era hijo de quien la había forzado. Al día siguiente, se lo quitaron.

El fin de la guerra y la desaparición de los responsables

Cuando la derrota alemana se hizo inminente, Maisteiner, el oficial responsable, desapareció antes de la llegada de los Aliados. Algunas versiones aseguran que huyó a América del Sur; otras, que fue ejecutado por sus propios hombres. Nunca hubo certeza sobre su destino, y con él se esfumó también cualquier posibilidad inmediata de justicia.