—Un error ocurre una sola vez —le respondió—. Cinco meses de encuentros, mensajes secretos y mentiras son una decisión tomada una y otra vez.
Se dirigió a los invitados para disculparse por haberlos convocado bajo un pretexto falso, explicando que necesitaba testigos para que Brianna no reescribiera lo sucedido. Su madre lloraba en silencio; su padre no dijo palabra.
Brianna lo siguió hasta la puerta rogándole que no se marchara así. Austin se detuvo un instante, recordando a la mujer con la que se había casado y los planes que habían compartido. Luego miró a la extraña que tenía frente a él.
—Volví antes porque esperaba que aún quedara algo entre nosotros digno de salvar —le dijo—. Me respondiste antes de que entrara a esa sala.
Ya en el auto, dejó salir las lágrimas que había contenido toda la noche. Lloró por el matrimonio que creía real y por el futuro que jamás llegaría. Pero, al encender el motor y alejarse, sintió algo que no experimentaba desde hacía meses: alivio. Por primera vez, ya no era rehén de las mentiras de Brianna. El futuro era incierto, pero por fin le pertenecía por completo.