Dulce.
Artificial.
Se me revolvió el estómago.
Me quedé donde estaba.
No me moví.
No hablé.
Hasta que Sophie salió.
Envuelto en una toalla.
Con la cabeza gacha.
Como siempre.
Me arrodillé de inmediato.
—Hola, cariño —dije suavemente. Me miró y, por un instante, algo brilló en sus ojos.
Alivio.
Luego desapareció.
—Estoy cansada —susurró.
—Lo sé —dije, abrazándola—. No pasa nada.
Detrás de mí, oí a Mark bajar las escaleras.
Tranquilo.
Indiferente.
Como si nada hubiera pasado.
Como si nada estuviera mal.
Pero algo estaba mal.
Y ahora…
Ya no iba a ignorarlo.
Un golpe resonó en la puerta principal.
Fuerte.
Cortiente.
Autoritario.
Los pasos de Mark se detuvieron.
Todo se congeló.
Entonces se oyó la voz.
—¡Policía! ¡Abran la puerta!
Mark se giró lentamente hacia el pasillo.
Hacia mí.
Su expresión cambió.
Solo un poco.
Lo justo.
Y en ese momento…
Lo supe.
Lo que fuera que estuviera pasando en ese baño…
Jamás esperó que terminara así.
👉 Continúa en la PARTE 3… donde se revela la verdad y lo que encuentra la policía lo cambia todo.
PARTE 3 — Lo que encontraron
Mark abrió la puerta con una sonrisa.
Esa misma sonrisa ensayada.
La que había engañado a todos durante años.
—Oficiales —dijo con ligereza—. ¿Sucede algo?
Dos oficiales entraron.
No me devolvieron la sonrisa.
—Recibimos una llamada —dijo uno de ellos—. Necesitamos hacer algunas preguntas.
Mark me miró.
Una mirada rápida.
Pero lo decía todo.
Tú hiciste esto.
No aparté la mirada.
—Sí —dije en voz baja, dando un paso al frente con Sophie en brazos—. Yo hice la llamada.
La habitación se movió.
No fue un ruido fuerte.
No de forma dramática.
Pero suficiente.