Un grito ahogado recorrió el comedor.
Algunas reclusas incluso apartaron la vista, convencidas de que estaban a punto de presenciar otra brutal paliza.
Pero ocurrió algo que nadie esperaba.
En el último instante, la desconocida inclinó apenas el cuerpo y el golpe pasó de largo.
Todo sucedió con tanta rapidez que muchos ni siquiera alcanzaron a comprender lo ocurrido.
El puño de Vanessa solo encontró el vacío.
Por primera vez, la expresión de la enorme mujer reflejaba desconcierto.
Sin perder un segundo volvió a atacar.
Pero la joven esquivó el segundo golpe con la misma facilidad.
Era como si pudiera anticipar cada uno de sus movimientos.
El comedor entero quedó paralizado.
Nadie recordaba haber visto a alguien evitar los ataques de Vanessa con semejante tranquilidad.
Aquello terminó de hacerla perder el control.
Lanzando un grito de furia, se abalanzó sobre la muchacha con la intención de sujetarla y derribarla.
Sin embargo, esta vez la recién llegada dejó de limitarse a defenderse.
Con un movimiento rápido y preciso atrapó el brazo de su rival.
Aprovechó el impulso de Vanessa y giró su cuerpo con una técnica impecable.
Un instante después, la mujer más temida de la prisión quedó suspendida en el aire.
Un murmullo de asombro recorrió el comedor.
Al segundo siguiente, Vanessa cayó pesadamente de espaldas contra el suelo, provocando un estruendo que hizo temblar toda la sala.
La joven permaneció de pie junto a ella.
Ni siquiera parecía haber hecho esfuerzo alguno.
Respiraba con absoluta normalidad.
Su rostro no mostraba odio.
Tampoco miedo.
Solo una calma desconcertante.
Vanessa intentó levantarse para volver al ataque.
Pero apenas unos segundos después terminaron otra vez en el suelo.
En ese momento todos comprendieron la verdad.
Aquella mujer no era una simple reclusa capaz de defenderse.
Era alguien con entrenamiento profesional.
Finalmente, Vanessa dejó de luchar por ponerse en pie.
Respirando con dificultad, levantó la vista hacia la desconocida como si la estuviera viendo por primera vez.
— ¿Quién… quién eres? —preguntó con voz entrecortada.
La joven la observará desde arriba sin alterar su expresión.
—Alguien con quien jamás deberás enfrentarte.
En ese preciso instante, toda la prisión entendió que acababa de llegar una nueva interna.
Y, por primera vez en muchos años, el miedo había cambiado de dueño.