El médico quedó sin palabras al ver al recién nacido de una madre que llegó sola al hospital para dar a luz.

Ricardo intentó responder.

Nada salió de su boca.

Cuando finalmente logró hablar, su voz sonó extraña incluso para él.

—No… no le pasa nada.

La mujer lo observó fijamente.

—Entonces, ¿por qué está llorando?

Una madre sola contra el mundo
La joven se llamaba Valeria Torres.

Tenía veintiocho años.

Había llegado sola al hospital.

No había esposo.

No había familiares.

Ni siquiera había un contacto de emergencia en su expediente.

Durante siete meses había enfrentado el embarazo completamente sola.

Trabajaba largas jornadas en una cafetería para poder pagar el alquiler y prepararse para la llegada de su hijo.

El padre del bebé había desaparecido cuando supo la noticia.

Simplemente se fue.

Prometió llamar.

Nunca lo hizo.

Ricardo miró la ficha médica y luego levantó la vista.

—Necesito preguntarte algo —dijo con cautela—. ¿Cómo se llama el padre del bebé?

Valeria se tensó.

—¿Por qué?

—Porque necesito saberlo.

Después de unos segundos de silencio respondió:

—Se llama Mateo.

Ricardo cerró los ojos.

—¿Mateo Mendoza?

Valeria se quedó paralizada.

Ella jamás había mencionado el apellido.

—¿Cómo sabe eso?

El médico respiró profundamente.

Y pronunció unas palabras que dejaron la habitación en absoluto silencio.

—Porque Mateo es mi hijo.